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Why do you persist?

I’ve been spending a lot of time on something has little impact on the world. Fixing a 12 eyars old game issues related to hacking.

It has so many spaces for hacking, that sometimes It feels It won’t end. evenmore, maybe my attempts to fix It are fueling gmz to create more hacks; I could say I don’t understand why he does It, but I kinda get It. Somehow I feel similar, I think.

Would It be something like this, gmz?

– Why, why? Why do you do it? Why, why get up? Why keep fighting? Do you believe you’re fighting… for something? For more than your survival? Can you tell me what it is? Do you even know? Is it freedom? Or truth? Perhaps peace? Could it be for love? Illusions, Mr. Anderson. Vagaries of perception. Temporary constructs of a feeble human intellect trying desperately to justify an existence that is without meaning or purpose. And all of them as artificial as the Matrix itself, although… only a human mind could invent something as insipid as love. You must be able to see it, Mr. Anderson. You must know it by now. You can’t win. It’s pointless to keep fighting. Why, Mr. Anderson? Why? Why do you persist?

– Because I choose to.

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Física y determinismo.

Hace unos meses platicaba con un amigo, no puedo recordar quien, acerca de lo rígidas que son algunas de las leyes de la física y acerca del libre albedrío y el determinismo.
Si bien es cierto que mi postura acerca de la existencia o no del libre albedrío ha cambiado a lo largo de los años, sigue siendo un tema recurrente en conversaciones y que sin embargo, puse en pausa después de esta conversación que mencioné.
La idea general comienza con la pregunta de si el hombre en verdad tiene libre albedrío; lo cual de forma instintiva contesté que sí. Ya hace tiempo escribí un ensayo sobre el determinismo y la vida cotidiana; aunque en ese entonces (hace más de 10 años), no alcanzaba siquiera a entender que tanto estaba yo mismo siendo un factor en el desarrollo de eventos. Hoy en día, soy mucho más consciente de eso, pero sigo pensando en esa cuestión debido a que aún existe la incertidumbre en muchas cosas en mi vida. Es cuando estas ideas retoman fuerza y me llevan nuevamente a preguntarme si el libre albedrío es real o es solo una ilusión.
Para atacar el problema, tomemos por ejemplo un juego de billar.
Un jugador mira la posición de las bolas y calcula el movimiento que desea. A continuación realiza su movimiento intentando lograr lo más cercano a la idea que concibió para ganar.
Una vez que las bolas se han puesto en marcha, todo se rige de acuerdo a las leyes de la física.
Sí; tal vez el tiro no es perfecto. Tal vez haya ligeras variaciones dependiendo de la habilidad del jugador; pero una vez que la bola se comienza a mover, todo depende de la física. Primera ley de Newton, segunda, tercera, colisiones; física básica. También interfieren las matemáticas, claro: trigonometría, la geometría y si me apuran el cálculo; pero una vez que la bola está en movimiento, es posible predecir con total exactitud qué ocurrirá después. Si no se nos da la física y si no tenemos las herramientas, también es posible que no podamos predecir lo que pasará (en especial si no podemos medir los parámetros del movimiento, o interpretarlos adecuadamente), o peor aún, que nuestras predicciones sean erróneas. Pero eso no cambia el hecho de que técnicamente es posible predecir las consecuencias de un movimiento una vez iniciado.
¿Con cuantas bolas es posible hacerlo? Con 2, es fácil. Con 3, también. ¿Qué tal con 10? ¿Y que tal con un millón? Seguramente después de cierto número, la practicidad desaparece; al grado de que seguramente en un sistema de 1000 bolas, se hace prácticamente imposible para una persona calcularlo “a la antigua”; aunque una computadora bien podría.
Ahora piensa en el momento en que despertaste esta mañana. Tu sistema nervioso fue el golpe que te levantó (posiblemente por impulsos externos, pero tal vez internos). Y te ha hecho moverte todo el día hasta el momento de leer esto. Tu cuerpo, es un sistema de billones de células; cada una compuesta por millones (¿o billones?) de moléculas, que implican billones de átomos. ¿Es posible predecir cómo se moverán?
Aquí hay dos posibles respuestas, y las podemos responder por separado:
Sí, es no solo posible sino lógico. Un impulso en el cerebro desencadena la voluntad de moverse y eso se convierte en un razonamiento y justificación interna que obliga al individuo a actuar durante todo el día, hasta llegado el momento de leer esta publicación, o golpear una bola de billar. Es no solo lógico, sino natural extender el concepto de movimiento, a una escala mucho mayor; como lo puede ser el movimiento de un ser vivo.
¡No, eso es imposible! ¿Cómo podría la ciencia entender el razonamiento humano, Si es producto de toda una vida de sensaciones, emociones, situaciones, que están totalmente fuera de control de cualquiera?
Bien. La postura B es la más extendida y más aceptada, según un extenso estudio que realicé con 3 personas (por favor, nótese el sarcasmo en la oración anterior). Pero tiene una terrible falla. Imaginemos por un momento que un camión transporta piedras de un punto a otro. Llegado cierto momento se detiene para vaciar su carga en el lugar indicado. Antes de comenzar a vaciar la carga, nosotros podríamos determinar la posición final de cada piedra, basándonos en las leyes de la física. Y digo podríamos porque en la práctica es, nuevamente, imposible para una sola persona; pero no es imposible de hacer; solo es imposible para alguien en particular, dependiendo de sus habilidades físicas y matemáticas.
Si podemos determinar la posición final de las piedras conociendo sus posiciones originales y las leyes que afectan su movimiento, ¿que nos detiene de conocer las acciones que realizará una persona durante el día? Claro: no conocer sus condiciones iniciales.
¿Qué son las condiciones iniciales? Es la suma de información contenida en variables, a partir de la cual los eventos y fenómenos se desarrollan hacia adelante, hasta llegar a una situación final. En el caso del camión vaciando piedras, es el momento antes de que se comiencen a mover para ser vaciadas. En el caso de las bolas de billar, es el momento antes de que sean golpeadas. ¿Y en el caso de una persona? Tal vez toda la información referente a ella antes de que comience su día. O tal vez en el momento en que nació…
-Espera; ¿me estás diciendo que todo lo que haga o deje de hacer estaba ya escrito en el momento en que nací?- Bueno, eso es una forma de verlo. La otra, es que desde el nacimiento del universo hace unos 13800 millones de años, un número inconmensurablemente grande de átomos se puso en marcha; y nos ha traído inexorablemente, a este momento.
Pero, entonces, ¿lo que yo haga o no haga no importa? Claro que importa. La pregunta es ¿es realmente tu elección? Tal vez elegiste vestirte de rosa (o azul) el día que conociste al amor de tu vida, porque tus padres eran muy tradicionalistas y de niño(a) te vestían siempre de ese color; y resulta que al amor de tu vida le gustaba ese color en particular. Y tal vez tus padres eran tradicionalistas en eso porque algún evento no muy agradable les ocurrió a tus abuelos cuando tuvieron que enfrentarse con “lo moderno”. Y tal vez eso tiene que ver con lo difícil que fue el sobrevivir durante la revolución para tus bisabuelos, con tantos cambios sociales, que los hicieron temer al cambio social. Y tal vez toda la violencia de ésa época vino del hambre de poder de algunos, que frustrados por sus propios traumas infantiles ansiaban tener más y más poder, para compensar que sus familias adineradas dependían del dinero heredado por sus primos lejanos españoles, que lo heredaron de sus familiares nobles, que patrocinaron las invasiones a América, que nos remonta a las épocas de descubrimiento y conquista, y así la cantidad de variables o condiciones iniciales crece exponencialmente, pero ni es infinita, ni es intrascendente.
Así, el universo se puede resumir en un conjunto de átomos puestos en marcha con ciertas condiciones iniciales, que han, a lo largo del tiempo, llevado a todo el cosmos al momento actual en el que terminas de leer un artículo que pregunta ¿Existe el libre albedrío?
Alfredo Córdova – 2014

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Cerrar mis ojos…

Estaban por extinguirse las últimas trazas de luz diurna; escasamente luchaba contra la habitual sensación de ansiedad que me invade al caer la tarde. Esta sensación que me hace desear que se detenga el tiempo; que no avance más.

Alguna vez te conté que posiblemente sea porque al llegar el atardecer, no quiero que se escape el día sin haber hecho algo por mí mismo; algo que haga que el día valga la pena.
Solamente junto a ti, había sentido que podía llegar el atardecer sin sentir que mi corazón se agita; porque cuando estaba contigo, estaba en paz, en calma. Con la calma que me daba saber que contaba contigo; saber que por primera vez en mi vida, no había un rastro de duda en mi corazón; que podía cerrar mis ojos y decirte todo lo que sueño, anhelo, deseo o me inquieta, preocupa. Y que tú podías escucharme y abrir tus brazos a mi corazón.

Hoy que no estás, el viento fresco de Marzo sopla y trae más nubes. No importa la falta de calor. No importa que se oculte el sol. No importa que el cielo y la tierra se obscurezcan. Mi corazón se siente poco a poco en paz, me dejas la alegría de saber que pude ser yo. Me dejas la paz de que estás aquí, dentro de mí. Como el aire que respiro; como la sangre que me mantiene vivo.

~~ Fred.cpp – 2014-03-21

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